Por Alan Martínez
Nueva Zelanda siempre ha sido concebida como uno de los países más pacíficos y con menor grado de problemas internos por parte de la sociedad internacional. Aunque esto cambió el pasado 15 de marzo, cuando un ciudadano australiano con una ideología afín a la extrema derecha, llevó acabo un ataque terrorista contra comunidades islamitas que se encontraban congregadas en dos mezquitas en la isla sur de la nación neozelandesa. Este ataque fue transmitido mediante su propia cuenta de Facebook con el fin de mandar un mensaje de rechazo a estos grupos religiosos.
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El hombre fue arrestado y se enfrenta a un juicio ante la justicia neozelandesa. Adicionalmente a esto, la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Arden, declaró que para evitar que tal situación volviera a ocurrir, el Parlamento discutiría y crearía una legislación más rígida para la adquisión, posesión y uso de armas de fuego. Así, habría una vigilancia para ver qué tipo de persona es la que trata de adquirir un arma y en caso de considerársele peligrosa, se le negaría.
Parcialmente podría parecer una respuesta adecuada y con un objetivo bien definido, pero si se revisa de cerca esta propuesta por parte del Estado neozelandés es posible notar que es muy lineal y deja de lado otros factores. Para poder entender que se le escapa al gobierno de Nueva Zelanda es posible usar un concepto llamado Cisne Negro usado por John Urry en su análisis de la “normalidad” y el equilibrio.
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El concepto en si fue creado por el matemático e investigador Nassim Nicholas Taleb, en el que explica que es una metáfora utilizada en una situación completamente inesperada para un observador y que tiene un gran impacto a nivel mundial; posteriormente es analizado racionalmente para entenderse como fue que se llegó a tal evento. Un ejemplo que da el autor del concepto fue el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001 que realmente fue inesperado, cambio la sociedad, forma de vida y política estadounidense y fue estudiado en retrospectiva como una respuesta de la intervención de este país en Medio Oriente.
A tal concepto, John Urry agrega en su artículo ¿Complejidades y futuros? un análisis más amplió y una crítica a la forma lineal en que se conciben estos eventos. El Cisne Negro no es posible concebirse por el tradicional estudio de causa-efecto, sino que Urry propone que son diversos factores de índole diversa que convergen en un momento y dan como resultado este evento inesperado y cambia de forma permanente su entorno, pero no significa que tales factores no vuelvan converger y que en ese momento terminen.
Además, se crítica que las políticas del Estado creen políticas para restablecer una “normalidad” que se concibe como el ideal o el deber ser, pero que tal creencia se apega a la forma lineal de ver tales eventos de gran magnitud y no se entiende realmente como fue que se llegó a tal situación. No se debe entender la realidad como una historia lineal con una causa y resultado, sino que se debe ver como un sistema complejo parecido a la entropía en física. Además, esta búsqueda de la “normalidad” es parte del sistema y la búsqueda de esta simplemente funciona para que el Estado siga en pie y no se venga abajo.
Ya con estos conceptos, es posible analizar con mayor detenimiento las acciones del Estado neozelandés y criticar la forma en que pretende actuar. En este caso el Cisne Negro es el ataque a las mezquitas en Christchurch, ya que era inconcebible en un país tan pacífico y tolerante como Nueva Zelanda y cambió radicalmente el entorno legal y social del país. Primero que todo, no sería incorrecto que el Estado busque la “normalidad” que ellos concebían a la aparente tranquilidad y resolución pacífica de los conflictos pues así es posible garantizar la sobrevivencia de la asociación política.
Sin embargo, la crítica es la forma lineal en la que pretende responder al reciente ataque terrorista pues es concebido que el uso de armas de fuego fue la causa por la que ocurrió tal evento y la obvia respuesta es endurecer los requisitos y la vigilancia para el uso de armas; así evitarían el uso de armas entre grupos sociales dentro del país.
A pesar de estas acciones, el gobierno neozelandés no está viendo que muchos factores convergieron para llegar a esto y que las situaciones que no percibe las deja pasar y se pueden presentar en otras formas de violencia a los grupos musulmanes. Un ejemplo, es que en años anteriores al ataque ya existían manifestaciones de odio a este grupo como la quema de una mezquita en 1997.
Finalmente, es importante retomar que un evento de tal magnitud como el ataque terrorista no es posible analizar de forma causa-efecto si se trata de evitar que ocurra algo parecido o de menor violencia en un futuro. Es necesario que el Estado neozelandés vea que hay más factores que forman del sistema que dieron causa a esto y que atiendan cada uno de estos para realmente evitar manifestaciones de odio a este grupo, además de reducir la posibilidad de llegar a un Cisne Negro con tal grado de muertes.
No es incorrecto que el Estado quiera volver a su situación de “normalidad” donde se caracterizaba la tranquilidad y la resolución pacífica de los problemas, puesto que es parte de su naturaleza para sobrevivir y conservar el bienestar de su población,.Pero las políticas públicas con las que pretenden devolver tal paz deben ser construidas más allá de simplemente endurecer la legislación de armas de fuego.
Referencias
- Urry, John, and Enrique Díez Álvarez. (2011). “¿Complejidades y Futuros? / Complexities and Futures?” en Revista CIDOB D’Afers Internacionals, no. 95, pp. 11–20. JSTOR, JSTOR, www.jstor.org/stable/41300912.
- Taleb, Nassim Nicholas. (2007) El Cisne Negro: El impacto de lo altamente improbable, New York Times, Nueva York.
- Jover, Anna. (2019). Al menos 49 muertos en un atentado supremacista contra dos mezquitas en Nueva Zelanda, El País, Madrid.
