El mundo actual y sus nuevas dinámicas

Por Denisse Pérez

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Imagen tomada de Monocle
https://monocle.com/film/affairs/soft-power-survey-2018-19/

No existe una definición única para describir al proceso de la globalización. Aunque sabemos que está presente en nuestras vidas, ya que somos capaces de comprar productos extranjeros por internet, de ver películas de cine francés, escuchar música coreana y platicar con nuestras amistades de las condiciones político-sociales de Medio Oriente.

Lo anterior se debe a que la globalización es un proceso multifacético que va más allá de lo económico debido a que permea en diferentes aspectos como en lo político, social y cultural a raíz, de esto se han modificando la forma de consumir, negociar, interactuar y comunicarnos. Tal y como menciona Boavenura De Sousa Santos. “En las tres últimas décadas, las interacciones transnacionales sufrieron una intensificación dramática (…) va desde la globalización de los sistemas de producción hasta la diseminación, de información e imágenes a través de los medios de información social”

Por su parte, Isabel Forero de Moreno resalta la relevancia que han tenido los avances tecnológicos en la modificación de las relaciones sociales a escala micro, ya que estas “se ha extendido paulatinamente al conjunto de la sociedad, la política, la educación, la comunicación, el entretenimiento, y, en general, a la manera como las personas ven el mundo y se perciben a sí mismas”

Para ejemplificar lo anterior, el soft power o poder suave les permite a las potencias exportar sus modelos, valores y cultura, gracias a los medios de comunicación, dando como resultado una “colonización cultural” u “occidentalización”, la cual normaliza una serie de prácticas sociales. Aunque es de suma importancia resaltar que esto se ve reforzado gracias al modo de producción y la economía, así como el papel del consumismo.

Los consorcios y empresas se estructuran en red y se establecen en un plano físico en las “ciudades globales”, las cuales permiten la propagación de estas dinámicas remarcando la distinción del centro y la periferia, ya que las primeras se sostienen por medio de la centralidad de los servicios y la periferia se dedica a la producción gracias a los recursos estratégicos que tienen.

No obstante, en palabras de Saskia Sassen, “las tecnologías de la información no han eliminado la importancia de las concertaciones masivas de recursos materiales, sino que más bien han reconfigurado la interacción entre rigidez e hipermovilidad del capital” porque no existen corporaciones completamente digitalizadas, estas necesitan obligatoriamente infraestructura en el mundo real, como en el caso de las oficinas de Amazon, Spotify o Netflix.

En el mundo actual, las tecnologías juegan un papel muy relevante, ya que junto con la triada de recursos materiales, estratégicos y humanos permite establecer quien será el poseedor del liderazgo tecnológico, porque este “es elemento central de la competencia y el eje articulador del proceso de acumulación”, ya que quienes ostenten estos elementos, marcan la pauta para la distribución internacional del trabajo y capital.

Cabe resaltar que, a diferencia de lo que se piensa, la globalización no da estabilidad sino genera desestabilización como consecuencia de las dinámicas de poder, la interdependencia de las economías y la marcada distinción entre los conectados y los no conectados, es decir, los invisibles para el sistema. Así mismo, la distribución de los capitales y los avances tecnológicos no se desarrollan de forma homogénea en todas las latitudes, lo cual permite que se sigan reproduciendo los patrones de dominación y explotación de los débiles o atrasados.

Por otro lado, tal y como menciona Saskia Sassen “las redes digitales contribuyen (…) a la producción de contrageografías de la globalización” ya que, es en estos espacios donde encuentran voz, es decir, se hacen visibles por medio de las comunicaciones internacionales con las que los dominan, segregan o desparecen.

Como consecuencia de lo anterior, ha surgido el activismo transfronterizo, que se divide en dos vertientes: la formación de grupos radicados en ciudades y la política centrada en las mismas redes. Es decir, este nuevo método de movilización social permite la interacción y organización en un espacio virtual que se puede materializar en el espacio físico y se retroalimenta de otros grupos que se encuentran en diferentes partes del globo terráqueo.

Por esta razón, Boaventura De Sousa Santos enfatiza que “la identificación de las relaciones sociales mundiales que unen localidades distantes de tal modo que los acontecimientos locales están condicionados por eventos que ocurren a muchas millas de distancia” lo anterior, permite buscar maneras conjuntas para luchar en contra de problemáticas en común y comprender que en todos los Estados existen personas en la misma situación.

Ciertamente, el Estado-Nación, ha visto difuminada su soberanía permitiendo la “implantación” de empresas transnacionales dentro de su territorio y generando patrones culturales producto de la nueva economía del conocimiento. Por otro lado, estos vacíos de poder se han visto remplazados por los movimientos contrahegemónicos que han generado pequeños pero significativos cambios que permiten el surgimiento de nuevos tipos de política global que tratan de responder a la nueva forma de ver al mundo actual.

A manera de conclusión, las comunicaciones internacionales han permeado en la vida de los individuos de una forma inimaginable y han servido para legitimar el poder de las potencias económicas y sus respectivas corporaciones, insertándose en los Estados y modificando su manera de consumir, pero, sobre todo, lo que consumen, ya que se observa una internacionalización de ciertos valores occidentales y todo lo que se encuentre fuera de este localismo globalizado, es incorrecto.

Indiscutiblemente, los individuos debemos ser conscientes de estas dinámicas de pulverización de la identidad colectiva y la imposición de una “conciencia global”, la cual reproduce una serie de universos simbólicos, que buscan ocultar realidades como la pobreza, la desigualdad social, el hambre o el racismo, que están inmersos en este mundo interconectado de manera desigual.

Referencias

  • De Sousa, Boaventura, “Los procesos de globalización”, en la Caída del Angelus Novus. Ensayos para una nueva teoría social pp. 167-242
  • Ceceña, Ana Esther, “Superioridad tecnológica, competencia y hegemonía” en Ceceña, A. E (coord.), La tecnología como instrumento de poder. Ediciones, El Caballito, IIEEc, UNAM, México, 1998, pp. 17-24
  • Forero de Moreno, Isabel “La sociedad del conocimiento”, [en línea], Bogotá. Revista Científica “General José María Córdova” núm. 5, julio de 2009, Dirección URL: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=476248849007
  • Sassen Saskia, “Los impactos de las tecnologías de la información en la económica y en la política urbanas” en Contra geografías de la globalización. Traficantes de sueños, Madrid, 2003, pp.33-48

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