Un poder imperceptible: Tokio 2020

Por Esmeralda Sarro

En nuestro día a día observamos el enfrentamiento de distintas fuerzas en el escenario internacional, teniendo como características principales el uso de la violencia para alcanzar sus objetivos, e incluso los medios diplomáticos para la imposición de políticas que guíen la conducción de los países.

Pero ¿qué pasaría si encontráramos otra forma en la que podamos sobreponer nuestro pensamiento al de otros?, y lográramos de la misma forma conducir la esfera internacional hacia nuestros intereses como lo haríamos con el empleo de las armas. Este resultaría un poder implícito y en ocasiones más peligroso debido a la inconsciencia de su existencia y a su reafirmación constante que lo fortalece cada día.

La denominación de este tipo de poder es soft power, término acuñado por Joseph Nye en 1990, en el cual se hace referencia a la capacidad de influir mediante el uso de medios culturales e ideológicos que reafirman el valor cultural de una nación e impulsan su nivel de atracción hacia el exterior.

Y en esta categoría la aparición de Japón es preeminente, o sino ¿Por qué alguna vez vimos una tienda de sushi? ¿Por qué tenemos claro quién es Mario Bros? ¿Por qué reconocemos los personajes de por lo menos un anime en las calles? Todas estas cuestiones las hemos normalizado en nuestra vida, y no caemos en cuenta en la influencia que penetra cada vez más la esfera nacional.

Imagen obtenida de Twitter, Shinzo Abe 安倍晋三‏ (@AbeShinzo), 2015.

Hacer uso de este poder no incrementa únicamente sus niveles económicos, sino que impulsa también su posicionamiento en el proceso de globalización, es decir, su influencia en las interconexiones no lineales se incrementa y se expande a través de medios institucionales. Con ello se llega al término de “ciudades globales” establecido por Saskia Sassen, el cual hace referencia a la concentración en ciertas ciudades del mundo de población, mecanismos financieros, conocimiento informativo y las referencias culturales. Entre los primeros cinco lugares se encuentra Tokio (東京都)“Capital del este”, y próxima sede de los Juegos Olímpicos en 2020.

Entonces, ¿qué podemos esperar para 2020? En primer lugar, se plasma el constante uso de soft power que referencian a la producción y consumo local, claro ejemplo de ello fue la caracterización del primer ministro Shinzo Abe con la vestimenta de Mario Bros. Para ello también el gobierno de Japón auspició la creación del término “Cool Japan” como la configuración de medios digitales y culturales que impulsaran la exportación cultural a través de la promoción del anime, comida y el J-pop, para llegar a construir una visión de un nuevo Japón alejado del pasado belicoso.

Imagen tomada de Cabinet Office, Cool Japan Strategy, Government of Japan

En segundo lugar, la atracción cultural también recae en el aumento de la industria turística de la cual se registraron un total de 28, 691, 000 de arribos al país en 2017, a diferencia de 19, 737, 000 en 2015. Aumentando los gastos internos en la compra de insumos alimenticios, de entretenimiento y los servicios públicos como el transporte.

En tercer lugar, se verá una potenciación en la innovación tecnológica plasmada en distintos sectores de la sociedad. Uno de ellos es la seguridad a través del uso de robots para la verificación de asistentes con el uso de sistemas de reconocimiento facial. Por el lado del transporte, se diversificarán las fuentes de energía, por ejemplo, la propuesta del uso de un combustible a base de algas, y también se tiene la promoción del Tren Manglev, con un mecanismo de levitación magnética y una mayor velocidad. Y en el lado del entretenimiento, se implementará el uso de la tecnología 5G para la transmisión de información de mayor velocidad, al igual que la puesta en órbita de un satélite de la firma ALE con el fin de simular una lluvia artificial de meteoritos.

Estamos ante la presencia de un proceso de transnacionalización y cambios en las dinámicas del poder, en donde el posicionamiento y la configuración de la fuerza económica, política y social, se puede visualizar en escenarios deportivos, como lo son los Juegos Olímpicos. Y para Japón, significa la oportunidad de dar a conocer un país más abierto, tecnológico y atractivo para el mundo, lográndolo a través de la promoción del espectáculo de inauguración, propiciando un omotenashi (hospitalidad japonesa) para la atracción turística, y haciendo uso del mundo experimental y creativo que se está impulsando internamente para hacerle saber a los demás países que “El país del sol naciente” es una potencia emergente no sólo en cuanto a tecnología, sino en reafirmamiento cultural, capital humano y servicios públicos eficientes.

Y tú, ¿ya estás lista(o) para Tokio 2020?

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